sábado, julio 16, 2005

El sacrificio de la edificación


"El mundo no está amenazado por las malas personas sino por aquellos que permiten la maldad."
Albert Einstein
Me topé en el pasillo con mi extravagante y charlatana vecina; por suerte no estaba apurado y me encontraba gentil para entregarme a su palabrería, dejándome llevar por los distintos temas que surgían: el viento frió de anoche, los festejos por el aniversario de la provincia, la basura tirada en la vereda, los números de la tómbola, el aumento de los precios, el gasto para la modernización de Santiago, el estirón de mi hijo Gastón y la conversación derivo espontáneamente hacia los temblores que impresionaron a toda la ciudad hace unos meses.
Le comente que cuando palpitó la tierra, por casualidad me encontraba en el departamento y que me pareció extraño que semejante sacudida de la que todos hablaron, yo no haya sentido nada.
Me interrumpió ese comentario expresándome que en ese instante ella se encontraba en la cama y que tampoco advirtió el movimiento. A lo que me hizo una inesperada observación… si desde los dos años que yo vivo en el edificio alguna vez vi alguna cucaracha, mosquitos, alguna tela de araña en los rincones del techo o salitre en las paredes por alguna inoportuna humedad.
Curiosamente estaba en lo cierto, todavía no necesite de un insecticida o del remiendo para las paredes. Fue entonces cuando le brotó otra vez la chifladura (se le nota en su penetrante mirada).
Según una historia disfrazada de la cual nadie garantizo; en la época que se construyo lo que era antiguamente el edificio (allá a mediados del 1800), había una distinguida casa colonial propiedad de un solitario europeo; un general fuera de servicio expulsado por el ejército del la Reina Isabel II por prácticas perversas en la trata de sus subordinados y civiles. Cuando llego a Santiago en seguida trabo una fraternal amistad con el Gobernador Manuel Taboada, desempeñándose como asesor aportando sus “ideas” traídas del viejo continente. Se dice que en el momento de levantar su céntrica residencia, entre los cimientos enterró un hombre vivo, con la cómplice venia del gobernador, aduciendo la necesidad de ese cuerpo bajo las vigas, para que la obra sea compacta, sólida y perdure
Escuche atentamente la leyenda que no sabia y con una sonrisa me dijo que este subterráneo hombre es el que brinda seguridad y eterna guardia a nuestro edificio, apartando males.
Me despedí con el pretexto de estar esperando una visita, porque el tema se estaba estirando y se encaminaba hacia un posible tesoro también.
A pesar de ser un ridículo relato; al llegar a mi cama, la “estimada” vecina logro causarme esa sensación de duda y de miedo… más aun que yo vivo en la planta baja…
¿La victima del desquiciado general estará bajo centímetros mi colchón?.
Esa noche soñé con un tal Patricio Herrera, un inocente vendedor de kerosén que fue enterrado bajo piedras tras ser engañado por un “brujo” funcionario militar prometiéndole para sus generaciones vida saludable y despreocupación económica.

3 comentarios:

Angelita dijo...

Ops... la vecinita...¡

Yo casi no hablo con mis vecinos, por lo del trabajo, salgo temprano y llego cansada para ponerme a conversar (claro que hay excepciones, nunca tan desadaptada)

Pero en mi edificio no deben haber enterrado a nadie vivo, porque vaya que sí se sienten los temblorcitos... ufffff :)

Un abrazo,

Morocha dijo...

Hernan, gracias por visitar mi blog... en cuanto a los vecinos... :( nunca tube el agrado de que valieran realmente la penahasta que me mude al lado de la casa de mi cuñada... :D

El Enigma dijo...

Interesante relato, agradable y como son estas cuestiones, con la duda de sera verdad o no, saludos.

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra